LA VIDA ES COMO SUBIR UNA MONTAÑA



Mis pensamientos, ese es el sitio donde más tiempo paso, ahí estaba cuando decidí salir a ver que ocurría afuera, y me di cuenta que estaba solo, bajando muy rápido en una montaña que había conocido unas 24 horas antes, veo mi reloj y decía que aún faltaban 7 kilómetros aproximadamente para llegar a mi destino, decido pararme a descansar y tomar un poco de aire, aunque voy de bajada los pies me duelen, el sol me quema el cuello, y ya me quede muy poca agua, aunque suene todo trágico la verdad, no lo es, sé que delante de mí hay muchísima gente, y sé que atrás de mí, viene muchísima más gente, aunque veo al mi alrededor y solo hay montaña, estoy seguro que no estoy solo. Empiezo a caminar de nuevo, agarro mi bastón de trekking alquilado e ignoro la ampolla que me saco en mi mano, y entro de nuevo a la habitación de la que había salido unos dos minutos antes.

Llevo mas o menos el 70% del tiempo en la montaña caminando completamente solo, nadie me siguió el paso, unos iban muy rápido, otros muy lento, esta vez no quise acompañar a nadie solo “porque es lo correcto” hoy camino solo y aprendo un poquito más de mí, empiezo a ver mi cuerpo (como he practicado estos últimos meses) y noto el dolor enorme en mis pies, las ampollas aunque no las veo, ya las siento, mi rodilla derecha esta pidiendo cambio, mi espalda esta adolorida, mi cabeza late mas fuerte que mi corazón, y mis hombros están trágicamente fuera de servicio por el peso de la mochila. Ahí me llega la claridad, me llega la iluminación, en este momento entendí porque fui a la montaña, comprendí la razón que me llevo desear conocer La Laguna Amarilla de, El Altar.

La vida es como subir El Puñay esa frase la había usado de forma jocosa, pero ahora en El Altar, tenia todo el sentido, y si, así mismo es la vida, al ver mi cuerpo adolorido, al tener sed y el cuello quemado, al saber que todavía me quedaba como una hora de dolor de seguir caminando, me provoco ir a quejarme con el cielo, con el universo, con la montaña, con Dios, pero recordé que YO SOY quien escogió entre infinitas opciones, ir y subir esa montaña, pague por que me llevaran allí, arme mi mochila y note el peso que llevaba, subí conscientemente la pared de roca que me tomo mas de una hora para ver El Altar, decidí no bajar a la laguna y descansar, y al rato decidí bajar a la laguna y luego meterme en ella. Yo hice todo eso, conscientemente.


Y si, así es la vida, al menos así veo la vida en este momento, pague conscientemente por ir Al Altar, todo por sentir una emoción de alegría que me duro no mas de 2 minutos, que fue cuando vi por primera vez el paisaje entero que había soñado experimentar unos 8 años atrás, y si, solo 2 minutos duro mi emoción y mi alegría, luego de ese tiempo, llego el cansancio, el dolor físico, el drama que me llevo hasta ese momento, luego al estar en el borde de la laguna, ya sin nada de ropa, decidí entrar al agua, y lo hice sin expectativa, solo porque algo me decía que tenia que hacerlo, y fue mucho menor el tiempo de éxtasis, duro segundos antes que el pánico se apoderara de mí, luego el dolor, mucho dolor, del frio, la piel tensa, eran miles de agujas que perforaban mi piel, y los pies, los pies dolían y mucho.

Volví a ver a mi alrededor, seguía en el sendero, seguía bajando la montaña, y entendí, solo tengo que poner un pie delante del otro, solo eso, caminar por inercia, pero caminar, “No importa como me sienta, importa lo que esté haciendo” me volví a decir, seguí caminando, pero ahora con la certeza que esta vida es eso, vine a vivir, a experimentar, aunque me ofrezcan subir mi mochila en caballo, yo decido subir con mi propio peso, así me tarde una hora mas de dolor y sufrimiento, lo hago porque lo decidí, un pie delante del otro, entendiendo que al llegar a la cima, la felicidad será efímera, luego vendrá el dolor de bajar la montaña, y con eso viene la ansiedad de llegar a descansar, comer y bañarme lo que me traerá paz y felicidad la cual durara muy poco, y así es esto, un pie delante del otro, el dolor viene y se va, pero no es diferente a la felicidad, tampoco al cansancio o la hermosa vista que tengo frente de mí. Es un ciclo infinito el cual yo decidí experimentar.

Gracias El Altar, por enseñarme un poquito más de mí.


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