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Uno de cincuenta y seis.

Él ya estaba terminando su día, solo faltaba por llegar a su casa, echarse un baño de agua fría y preparar la ensalada cesar para cenar y poder darle al cuerpo el descanso que se merece durmiendo, el hilo musical de los vagones del metro lo tenía un poco molesto y solo pensaba en tomar algo de agua, comer y dormir; las puertas del vagón se abren y es el primero en salir, muy poca gente se baja en la estación, él recorre el corto pasillo donde al final del mismo están las escaleras que lo llevaran al primer piso de la estación del metro, sube las solitarias escaleras y recorre otro largo pasillo que a medida que lo recorre empieza a conseguirse un poco mas de personas que lo caminan a un ritmo mas lento que él, llega a los torniquetes y pasa rápidamente y fija dirección hacia las escaleras que una vez terminadas lo colocaran a tan solo dos cuadras del edificio donde vive, sube como siempre por las escaleras de los ya contados muchas veces cincuenta y seis escalones, tratando de demostr…

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